Cómo mantener una casa en buen estado

Mantener una casa en buen estado y segura con el pasar de los años no es siempre tarea fácil, dado que es necesario invertir tiempo y dinero para conseguirlo. Las viviendas, con el diferente uso que se les da, acaban envejeciendo o desgastándose.

Durante los meses más fríos, el otoño y el invierno, la casas suelen sufrir un mayor desgaste debido a las temperaturas y a los cambios climáticos que surgen, lluvias, humedades, viento. Además, el mal uso, el desconocimiento o la falta de mantenimiento provocan que ciertas estancias y lugares comiencen a deteriorarse. Para que esto no ocurra y de repente falle algo es aconsejable realizar un mantenimiento o una supervisión del sitio.

Mantener una casa en buen estado requiere de organización, es decir realizar las tareas necesarias, acordes a la fecha en la que uno se encuentra. Por ejemplo, para realizar tareas de mantenimiento exterior siempre es mejor hacerlas a comienzos del otoño o de la primavera.

Ciertos mantenimientos pueden realizarse por los miembros de la familia, pero otros es mejor dejarlos en manos de personal especializado como los de Reformas Granada, ya que esto garantizan la calidad final y que su estado sea más duradero.

Consejos para mantener una casa en buen estado

Ya sea para conservar la vivienda propia, como para mantener en buen estado y segura una segunda residencia, es importante realizar revisiones periódicas y cuidar diferentes sectores de la casa.

Cuidar la aparición de las humedades

Ciertas zonas de una vivienda tienen la tendencia a acumular humedad, lo que se traduce en que puedan aparcar ahí humedades, moho o desprendimientos. El consejo más habitual es dejar airear las diferentes estancias al menos una vez al día.

En aquellos lugares donde suelan aparecer manchas, es mejor realizar un estudio para ver cuál podría ser su procedencia y así solucionar el problema a lo antes posible.

Limpiar de manera regular

La limpieza de una vivienda es clave para mantenerla en buen estado, evitar que coja malos olores y que se reproduzcan insectos como moscas, mosquitas o polillas, dado que estas últimas podrían estropear muebles y ropa. Cuando se habita una vivienda de manera regular, es más sencillo realizar una limpieza más profunda cada pocos días. Pero cuando se trata de una residencia de verano o invierno es más complejo, por ello al menos una vez cada dos o tres meses debe hacerse una limpieza básica.

Arregla los daños de manera regular

Es habitual que debido al ajetreo diario o a la falta de presupuestos se vaya posponiendo el arreglo de los pequeños daños. Pero, cuando se dan largas estos acaban deteriorando más los espacios y complicando la funcionalidad de otras estancias. Por ello, para que no dañe otras cosas, siempre es mejor solucionarlo todo lo antes posible.

Lo aconsejable es contar con un equipo de confianza (Reformas Granada) que solucione los problemas siempre que los miembros de la familia lo necesiten.

Rentabilizar la segunda vivienda

En caso de tener una segunda vivienda, y que también necesite mantenimiento regular, la mejor opción es alquilarla los meses que no esté siendo ocupada por la familia. De esta forma gran parte del mantenimiento y del cuidado estará a cargo de los inquilinos, impidiendo que la vivienda envejezca o se estropee a lo largo del año.

Instalar cámaras de seguridad

Tanto en la vivienda familiar como en la segunda vivienda nunca está de más instalar cámaras de vigilancia, para poder controlar qué es lo que ocurre en ella cuando no hay nadie vigilando.

Aunque suele ser un desembolso grande, lo cierto es que a corto y medio plazo da mucha tranquilidad, y de esta forma los usuarios se aseguran de que no entre nadie y provoque un destrozo.

Una vivienda es una responsabilidad y mantenerla sana y salva requiere de esfuerzo e inversión regular, de lo contrario acabará deteriorándose, y vivir en ella se complicará con el paso del tiempo. Las casas con problemas e imperfecciones pierden valor en el mercado, lo que supone una pérdida de ganancias cuando los usuarios deseen venderlas.

No importa la razón, una vivienda debe conservarse en el mejor estado posible, por el bien familiar y por la economía que esta pudiera proporcionar en el futuro.